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TEXTO Conferencia Magistral Dr. Piero Coda. Papa Francisco cuatro palabras para una Iglesia en salida

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Papa Francisco: cuatros palabras para una Iglesia “en salida”


Conferencia magistral. Mons. Piero Coda.
Universidad Pontificia de México.
29 de junio de 2016.

Como dijo Papa Francisco: «Hoy no vivimos una época de cambios, sino un cambio de época. Las situaciones en las cuales vivimos hoy nos llevan hacia nuevos desafíos que para nosotros, a veces se muestran incluso difíciles de comprender. Este nuestro tiempo piden de vivir los problemas como desafíos y no como obstáculos: el Señor es activo y operante en el mundo» (Florencia, diez de noviembre 2015).
Por esto hay que acoger la mirada de la fe en el Dios «rico de misericordia» (Ef 2,4) que nos muestra su rostro en el Hijo suyo Jesús crucificado y resucitado.
Es el que hoy derrama sin medida el Espíritu de la paz, de la justicia, de la fraternidad en nuestros corazones y en el corazón de cada hombre.
Hay que acogerla, la mirada que el Señor Jesús nos comunica, hay que hacerla nuestra, hacer que se transforme en la mirada con la cual leemos nuestra existencia, la de los hermanos y la historia del mundo.
«La misericordia de Dios es su responsabilidad hacia nosotros», escribe el Papa Francisco (Misericordiae V n.9). De esta responsabilidad «de amor, que llega hasta el perdón y al don de si, la Iglesia se hace hoy sierva y mediadora entre los hombres» (Ibid., 12). También por medio de nosotros!

1. Papa Francisco y la ora de la Iglesia para el mundo
Es fundamental detenerse a meditar con atención, en espíritu de oración y de comunión con Jesús y entre nosotros, sobre el mensaje que el Espíritu Santo hoy envía a la Iglesia por medio del ministerio del Papa Francisco.
Por esto se nos pide un robusto ejercicio de discernimiento. El peligro, pues, es de empequeñecer la portada de este pontificado. Sea en el sentido – minoritario en verdad, y ajeno a nosotros – de considerarlo como un paréntesis de poner en archivo muy pronto; sea  – y es la tentación más sutil – de quedarse en la superficie de las cosas, de valorizar la capacidad de incidir y la toma de  un estilo y de una presencia, pero de no saber entender lo que realmente está en juego.
Que, yo pienso, sea esto. Después de cincuenta años del ultimo Concilio, hemos entrado en una nueva etapa del camino bis milenario de la Iglesia, en el cual el Vaticano II marca una etapa providencial.
Paolo VI (sexto) decía que (el Concilio Vaticano II) era tan importante como el Concilio de Nicea, otros han ido más lejos, hasta a llegar al, así dicho, Concilio de Jerusalén.
Esto significa que – en el Vaticano II como en Nicea y en Jerusalén – lo que estaba en juego eran, una vez más, la identidad y la misión del evento de Jesús Cristo, por medio de su Iglesia, en la historia del mundo: es decir el desplegarse en nuestro aquí y en nuestro ahora, del diseño de amor de Dios hacia la humanidad y la creación que, en el Señor Jesús, encuentra su centro vivo y escatológicamente decisivo.
Francisco – el primer Papa del post concilio que no participó al Vaticano II – no mira atrás, preguntándose sobre la dimensión de continuidad con la Tradición precedente que el Vaticano II manifiesta, sin duda, en su obra de reforma.
Él mira adelante: la recepción del Vaticano II es para él un hecho cumplido en la conciencia de la Iglesia, según la hermenéutica de la «reforma» es decir de la «renovación en la continuidad», que ha sido lanzada por Benedicto XVI (décimo sexto) en su primer saludo navideño a la Curia Romana, el 22 de diciembre 2005.[1]
En esta lógica, Papa Francisco vive el Concilio como un punto de llegada, cierto, del camino de renovación que en esto ha encontrado una palabra; pero sobre todo como un punto de partida y un trampolín para seguir en adelante.
Entonces, el desafío que Francisco pone a la Iglesia, porque lo siente en el más profundo de su corazón y de su mente y que brota de Dios, es de romper las dudas y de empezar el éxodo.
Es suficiente leer la Ecclesiam Suam del Papa Pablo VI para darse cuenta de cuanto quema esta urgencia, y también quedarse en la expresión «duc in altum» de Juan Pablo II, que pronunció al empezar el tercer milenio.[2]
Todo, en alguna manera, está incluido en la descripción clara del misterio de la Iglesia que encontramos en el Incipit de la Lumen Gentium: «La Iglesia es, en Cristo, como el sacramento o sea el signo y el instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano».
Esta descripción nos invita a mirar a la misión de la Iglesia con los ojos de Jesús, para con-formar a Él la Iglesia.
No es cuestión de la Iglesia como societas perfecta que toma sus parámetros de comprensión de una figura de sociedad históricamente definida una vez para siempre; no es simplemente una cuestión de relación entre el poder spiritual y el poder temporal, en la óptica del proyecto histórico de la cristiandad:  se trata de mirar a la Iglesia en la óptica del adviento del Reino de Dios entre los hombre, cual levadura y sal que hacen presente en la historia planetaria de la humanidad la fuente efusiva de la vida que no muere, la vida que nace solo de Dios y solo en Dios se cumple.
Todo, en la Iglesia, está a servicio de esto: la Palabra anunciada, los Sacramentos celebrados, los “dones jerárquicos” y los “dones carismáticos”, el compromiso social, cultural y político de los fieles laicos.
Se trata de ser “signo” (de unión con Dios y de unidad entre los hermanos): o sea, en todas las expresiones de la vida y de la misión de la Iglesia, a partir de la más pequeña hasta la más universal, de vivir experiencias creíbles, porque antropológicamente y socialmente significativas, de unión con Dios y de unidad entre los hermanos.
Se trata de volverse – mediante una acción de anuncio y de testimonio que sea irradiación coherente y fascinante de eso –, “instrumento” eficaz que desde adentro hace fermentar y da sabor de “vida eterna” en Dios a la vida del mundo.
La Iglesia, pues, «germen e inicio del Reino» – como enseña la Lumen Gentium –, la Iglesia que, reviviendo hoy Cristo en la luz y en la fuerza del Espíritu, existe y obra no por si, sino para el adviento del Reino de Dios.
Manteniendo encendido y alimentando el deseo de “cielos nuevos y tierra nueva” en Dios cual soplo de vida y de esperanza en el compromiso para la construcción histórica de la libertad, de la justicia y de la fraternidad entre las personas y los pueblos.
Y esto justo en el mundo de hoy: en el cual el terrorismo, las persecuciones, la injusticia social, la guerra, el hambre, la ideología tecnocrática y del beneficio, la crisis del medio ambiente desfiguran el rostro de la familia humana y de la casa común hasta el punto de poner en riesgo la existencia y el significado de la misma.
No es difícil intuir como sea justamente la “idea” de Iglesia y de su misión según el corazón de Jesús, que el Vaticano II ha puesto de manifiesto, la que late en lo sentimientos y en los pensamientos, en las venas – diría – de Papa Francisco.
“Según el corazón de Jesús”. No siempre se ha dado por sentado, y todavía no es así, que la Iglesia, en todo, exprese la forma y el estilo de Jesús.
Porque fue siempre sutil, y aún lo es, la tentación de pensar a la Iglesia, si, como heraldo del Evangelio pero, en cuanto institución humana, por necesidad obligada a buscar un acuerdo con la lógica del mundo (a nivel político, económico, cultural).
Así que, si el Evangelio no conoce acuerdos, la Iglesia – desafortunadamente, se termina por pensar que – es obligada a ceder algunos puntos… y no a motivo de la fragilidad del humano, sino a causa de la necesidad de las cosas, la Realpolitik, para tener siempre los pies en el suelo.
No es por casualidad que el Vaticano II, al n. 8 de la Lumen Gentium, identifica – sin confusión, pero sin separación – la forma Christi y la forma Ecclesiae, en la lógica de la relación entre el Esposo y la Esposa.
El Concilio lo dice tomando la lección de Francisco de Asís sobre la pobreza de Cristo como forma Ecclesiae.
Francisco: cuyo nombre – por primera vez – un Papa quiso hacer suyo. Un signo: lleno de significados e implicaciones.
Esto permite a Papa Francisco, en particular, de interceptar en su  significado crítico que hace época, un signo de los tiempos que anuncia el hacerse camino de una re-paginación completa de la situación mundial, y no solo a nivel geopolítico: las migraciones.
Es el “sexto continente en movimiento”, como se ha dicho. Las palabras y los gestos de Papa Francisco testimonian y proponen una mirada que sabe tomar el peso objetivo y el significado determinante en el tomar las decisiones que es necesario poner en acto, en sinergia a nivel político, económico, de protección de la casa común.
«Con los migrantes y refugiados – escribe el politólogo Pasquale Ferrara – camina la historia, se manifiestan los problemas no resueltos, las crisis, las contradicciones, las omisiones y la responsabilidad de la política internacional».[3]

2. Cuatros palabras para una Iglesia “en salida”
Esta “idea” de Iglesia y de su misión enseñada por el Vaticano II que Papa Francisco hace suya, significa en concreto tomar en clara evidencia y desarrollar con valor algunas directrices de renovación y de reforma.
Estas, en manera progresiva, no sin dificultad, se hayan poco a poco perfiladas en la autoconciencia eclesial de las últimas décadas por medio del Magisterio de los Papas y de la Conferencias Episcopales y han crecido como un sentir profundo en el camino del Pueblo de Dios.
Lo que hoy Papa Francisco está haciendo, al final, es de ponerlas juntas frente a nuestros ojos, con determinación profética, con persuasión comunicativa, con incidencia pastoral, como caminos por recorrer hasta el fondo.
Las quisiera resumir en cuatros palabras que recorren con frecuencia en el lenguaje de Papa Francisco y que iluminan sus gestos: misericordia, sinodalidad, pobreza, encuentro.

a) Misericordia. Es la primera palabra-clave que el Espíritu Santo nos dice por medio del ministerio del Papa Francisco: el primado de la «medicina de la misericordia», para decirlo con Papa Juan XXIII. Se trata – dice Papa Francisco – de un «proceso, desde años, en la Iglesia. Se puede ver que el Señor estaba pidiendo de despertar en la Iglesia esta actitud…La misericordia es el misterio de Dios».[4]
La misericordia, de hecho, toma desde la fuente misma del misterio de Dios Padre que se derrama en Jesús y en la efusión incesante del Espíritu Santo en la historia, y describe el realismo, la capacidad de incidir y la profecía de la visión cristiana del mundo.
Esa exprime la percepción vital y transformadora que el Evangelio es el amor de Dios para el hombre, para el hombre concreto, para el hombre como es y no come debería que ser según una teoría abstracta, para acompañarlo a volverse lo que es llamado a ser en el designio de Dios según la ley de la gradualidad.
La misericordia, por tanto, es el prisma desde donde mirar y dar testimonio de la verdad de alegría y de libertad del Evangelio. No significa poner entre paréntesis la verdad y la justicia, al contrario! Significa encontrar su centro y comunicar su esencia: el amor!
Esta, al momento justo, exige manifestar la belleza y la plenitud de la verdad: pero cuando esta verdad, aunque en su vertiginosa altura, puede ser acogida, deseada y asumida.
Eso es posible solo y siempre mediante la gracia de Dios que trabaja en el corazón de cada hombre.
El primado de la misericordia es ante todo un crisol de purificación para la vida de la Iglesia y para el discernimiento de los caminos de su misión. La Iglesia, de hecho, renace cada día inmaculada por el lavacro del bautismo y por el sacrificio de la Eucaristía, y transmite esta experiencia de gracia, por la cual es siempre recreada por el Espíritu del Señor resucitado, en las mil formas de su actuar en el amor al servicio del hombre: del perdón del pecado al cuidado de los que sufren y de los emarginados, del compromiso por la justicia a la promoción del bien común, hasta la caridad intelectual del pensamiento y de la cultura.
Aquí está la llave de la exhortación apostólica Amoris laetitia. No se trata de hacer descuentos sobre la verdad del llamado a la perfección evangélica, sino de “hacerse uno” con cada persona para abrir con el amor, desde el interior de cada situación, el camino que lleva a Dios según el propósito del apóstol Pablo: «Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para salvar a toda costa a algunos» (1 Cor 9,22).[5]
Papa Francisco habla de la Iglesia como «hospital de campo». Es una imagen que traduce el estilo de Jesús expresado en la parábola del Buen Samaritano que Pablo VI hace suya para expresar la intención del Vaticano II.
Estas sus palabras: «La antigua historia del samaritano ha sido el paradigma de la espiritualidad del Concilio (…) Ha reprobado los errores, sí, porque eso exige la caridad, no menos que la verdad, pero, para las personas, sólo advertencia, respeto y amor; en vez de funestos presagios, mensajes de esperanza (…) toda esta riqueza doctrinal se vuelca en una única dirección: servir al hombre. Al hombre en todas sus condiciones, en todas sus debilidades, en todas sus necesidades»[6].
Frente a las tragedias e a los enormes problemas que afligen a la humanidad de hoy, acaso no es la del «hospital de campo» una imagen elocuente para decir el corazón de madre de la Iglesia signo e instrumento, en Jesús, de la unión con Dios, en el hacer su voluta, y de la proximidad a los hermanos?
Las heridas objeto de cuidado, en este hospital, no son solo aquellas físicas y materiales, sino también las que infectan el corazón, el alma, el espíritu, la inteligencia, la voluntad.
Hablar de «hospital de campo» hace intuir la gravedad de la situación en que vive la humanidad, desgarrada por una guerra ideológica donde está en juego la verdad y la belleza misma de la imagen de Dios en el hombre, creado como hombre y mujer para reflejar la vida de comunión fecunda de la Santísima Trinidad.
Hay que decir también que la misericordia – interiorizada en la mente y en el corazón y transformada en criterio de juicio y de acción – tiene que convertirse en contaminar con realismo y visión, política, economía y derecho. Allí donde esto sucede, cambia el rostro del mundo!
En campo político, por ejemplo, la misericordia lleva a no considerar nunca nada y nadie como definitivamente perdido, sino a permanecer abiertos a la más pequeña posibilidad de cambio que se pueda intuir en cada situación, a la elasticidad de las soluciones imprevisibles, al hacerse cargo de los conflictos para transformarlos en anillo de una construcción común (cf Evangelii Gaudium, 227).
Hasta la vertiginosa y escandalosa apertura evangélica a la fuerza históricamente más eficaz, porque en ella actúa, por medio de la cruz de Cristo, la novedad de su Resurrección: la fuerza del perdón, del amor al enemigo (cf Lc 6,27).


b) Sinodalidad: aquí está la segunda palabra. «Sínodo es el nombre de la Iglesia» – ha subrayado Francisco, citando Juan Crisóstomo, en el discurso en ocasión del 50° aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos –, y dijo mejor: «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio».
Esto significa: que en la Iglesia, «como en una pirámide al revés, la cumbre se encuentra bajo de la base»; y que la «única autoridad» es la de Jesús y es «la autoridad del servicio»; que una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha: «escucha de Dios, hasta oír junto a Él el grito del Pueblo; escucha del Pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la cual Dios nos llama».[7]
Se trata de imaginar y recorrer los caminos para dar una encarnación también institucional, en fidelidad a la Tradición, a la eclesiología de comunión y del Pueblo de Dios del Vaticano II. No hay que ir con la mente, demasiado rápido o únicamente a la cuestión canónica y a la práctica procedural de los sínodos diocesanos o provinciales o de los Obispos. Sino de mirar a la sinodalidad como a un espíritu y a un estilo penetrante y permanente de ser Iglesia: donde los discípulos de Jesús “caminan juntos” entre los hombre para testimoniar la verdad, la belleza y la fuerza del adviento del Reino de Dios.
Aquí se juega una prioridad en la toma de conciencia y en el compromiso de toda la Iglesia: a partir de los Obispos y de los presbíteros, que deben de poner en marcha y guiar el proceso. En caso contrario el sujeto de la nueva etapa de la evangelización que estamos llamados a vivir (cf Evangelii Gaudium 14) no despega. Este sujeto, de hecho, es el entero Pueblo de Dios en su variedad y unidad, a través del cual Jesús resucitado manifiesta y practica hoy su exousía, su potencia y sabiduría de salvación.
La específica e indispensable autoridad apostólica ejercida por los Pastores, debe ser puesta y ejercitada al servicio de la manifestación de esta exousía del Resucitado que se hace presente, en la Iglesia, en multíplices formas: en el sensus fidei de los fieles, en los dones carismáticos que la vivifican, en la competencia para las cosas temporales de los laicos… La autoridad de los Pastores es la de promover, examinar, guiar y orientar la exousía del Resucitado en su manifestarse variado y convergente a través de los aportes irrenunciables de todos los miembros y de todos los estrado de vida en el Pueblo de Dios.
Aquí está la sinodalidad! Es un proceso de reforma – y, antes, de conversión spiritual – que requiere tiempo, paciencia, compromiso de todos, formación.
Es suficiente pensar a la figura de presbítero que este proceso y su perseverante orientación exigen: no se improvisa un presbítero capaz, con sabiduría evangélica, con capacidad de discernimiento, con autoridad de gobierno, de ser el alma y la guía de este éxodo de una forma de pensar y construir la Iglesia a otra forma, según la vocación del Pueblo de Dios. Y hacerlo en comunión con sus hermanos en el presbiterio.
Un discurso similar hay que hacerlo para la vida consagrada, los movimientos y las nuevas comunidades, el laicado y las mujeres.
Hay mucho que hacer, como ha dicho – con una punta de provocación – Papa Francisco en la carta al Card. Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para America Latina: «Recuerdo la famosa frase: “es la hora de los laicos”, pero parece que el reloj se detuvo»![8]
Es comprometedor caminar en esta dirección. Pero hay que confiar en Dios y en los dones que Él ofrece generosamente en el Pueblo de Dios.
Si ha llegado la hora de la sinodalidad, como dice el Papa, significa que el terreno está listo. Hay que tener valor y prudencia, serenidad y decisión, previsión y supervisión.

c) Pobreza. Es la tercera palabra que brota del magisterio y del testimonio de Papa Francisco: «quiero una Iglesia pobre para los pobres» (EG 197). No es pauperismo: es la verdad del Evangelio, la forma Ecclesiae desde donde resplandece, vívida y luminosa, la forma Christi.
La opción por los pobres – enseñaba Juan Pablo II – es «una forma especial de primado en el ejercicio de la caridad cristiana, testimoniada por toda la Tradición de la Iglesia»[9]. Esta opción – subrayaba Benedicto XVI – «es implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se hizo pobre para nosotros, para enriquecernos a través de su pobreza»[10].
También a este propósito, es un signo y un mensaje preciso lo que nos ha llegado en el mismo momento en que, elegido a la catedra de Pedro, Jorge Mario Bergoglio sintió en el corazón el llamado de asumir este nombre: Francisco. En el Concilio se había hablado de esto, con palabras vibrantes (Lumen Gentium 8), pero al final, en manera todavía marginal. Mientras Pablo VI, en la Ecclesiam Suam, al lado de la caridad como calidad específica de la Iglesia en nuestro tiempo, había querido marcar con fuerza justamente la pobreza.
Después del agudo sufrimiento de la teología de la liberación, y todavía antes y en manera decisiva a partir de la experiencia de sufrimiento y de compartir de toda la Iglesia de America Latina (y no solamente), no casualmente del primer Papa llegado “desde el fin del mundo”, a los cincuenta años del Concilio, este mensaje todavía resuena claro y fuerte.
Pero de que pobreza se trata? Fácil: la de la Iglesia “pobre” y “de los pobres”. Es decir de la Iglesia que vive la “altísima pobreza” del corazón, de la mente, de los medios, que la crucifica a la Cruz de su Señor: porque por El, a través de la Iglesia, pueda brotar en el mundo la riqueza de la gracia de Dios. La pobreza que es don de sí, amor. La pobreza que se vive en la vida de comunión de la SS.Sma Trinidad, donde – como dice Jesús – , “omnia mea tua sunt” (cfr. Lc 15, 31). La pobreza desde la cual resplandece la gloria del Dios crucificado.
Pero no solamente de la Iglesia que vive de y en esta pobreza, se trata, desenganchándose de cada idolátrica seguridad de humano poder y riqueza, más bien de una Iglesia que quiere y se hace Iglesia “de los pobres”. O sea que vive con ellos, por ellos, en ellos: en cualquier lado el estigma de la pobreza – material, moral, spiritual – afecta la carne, el rostro, el corazón del hombre. Allí es el lugar de Cristo. Allí es el lugar de la Iglesia.
También bajo este perfil la conversión y la reforma a partir del corazón están llamadas a involucrar los estilos de vida, las estructuras, las aspiraciones, los metros de juicios y los programas de la Iglesia en misión.

d) Encuentro. Papa Francisco al final, en el surco de la Ecclesiam Suam de Pablo VI, habla con frecuencia del diálogo como el camino decisivo del anuncio del Evangelio.
Hablando a los Obispos de los Estados Unidos dijo: «El diálogo es nuestro método, no por una astuta estrategia, sino por fidelidad a Él que no se cansa nunca de pasar y re-pasar en las plazas de los hombre hasta la undécima hora para proponer su invitación de amor (Mt 20, 1-16). (…) No tengan miedo de cumplir el éxodo necesario para cada dialogo autentico! De otro modo no es posible comprender las razones del otro, ni entender hasta el fondo que el hermano por alcanzar y redimir, con la fuerza y la proximidad del amor, cuenta más que las posiciones que juzgamos lejanas de nuestras si bien auténticas, certezas».[11]
Estas palabras expresan bien la conversión del corazón, de la mente y de estilo que se nos pide. Y que viene del asumir el estilo sinodal y la actitud de misericordia que cualifica la misión eclesial.
Pero Francisco utiliza a menudo también otra palabra para decir la misma cosa, quizás con un acento más rico y más concreto: “encuentro, cultura del encuentro”. Encuentro, de hecho, dice que en el dialogo estamos comprometidos con el otro, con el diverso, hacia el cual se sale para acercarnos a él, para acogerlo, para descubrirlo, para caminar junto a él y hacer algo correcto y bello juntos. Con la espera, el deseo, la alegría… aunque hay que poner en cuenta desde el inicio, que del encuentro con el otro saldrán también algunas heridas a nuestras seguridades, a nuestros acostumbrados puntos de vista. Pero en un proceso de reciproco enriquecimiento, en el cual se termina por sorprenderse de uno mismo y del otro… en la sorpresa de las sorpresas: que es el amor de Dios para todos sus hijos!
El cristianismo, al final de cuentas, es la religión que – contemplando a Dios que es Uno y Trino y es Creador – afirma que: “es bien que el otro sea!”. El Padre y el Hijo, el Creador y la creatura, el hombre y la mujer, las diferentes culturas y tradiciones... la alteridad y la diversidad, bien entendidas, no son el principio del relativo, sino del relacional, no de la anarquía sino de la armonía en la riqueza y en la alegría del Espíritu Santo. También aquí, no hay una clave para reformar la mirada y el acción de la Iglesia y volverlos más conformes a la mirada y a la acción de Jesús?
Con un ejemplo simple y claro, Papa Francisco dice: o se construyen puentes o se inalzan muros! tertium non datur. Es este el principio práctico – psicológicamente y espiritualmente flagrante – de la antropología y de la sociología cristiana en cuanto son, por definición, esencialmente y proféticamente trinitarias.
Tampoco es el caso de subrayar cuanto este principio sea revolucionario – del punto de vista religioso, pero también cultural, social, político y económico – para la contribución decisiva que la Iglesia está llamada a ofrecer, siguiendo la Gaudium et Spes y la doctrina social de la Iglesia, desde la Populorum Progressio de Pablo VI, pasando por la Caritas in Veritate de Benedicto XVI hasta la Laudato Si de Francisco, al fin de determinar las lineas-guias para el cambio de paradigma cultural total en cuya gestación hoy está comprometida la humanidad entera, sin posibilidad de prórroga.
Un paradigma que debe cambiar la manera de imaginar y de gestionar las relaciones sociales, políticas, económicas con una mirada que nace de los pobres, de los emarginados, de los descartados, de las periferias geográficas y existenciales, y de guiar y plasmar el desarrollo tecnico-scientifico según una lógica determinada por el cuidado de la “casa común”.
Sin olvidar que la cuestión hoy decisiva, como recuerda Edgar Morin, es la de “repensar el pensamiento”[12]. La cultura de inspiración cristiana y el genio pedagógico que inspira la Iglesia Católica no pueden quedarse al margen, ni deben jugar solamente de remesa en esta empresa decisiva. Se necesita una fe resuelta en la potencialidad humanística sin iguales del Evangelio, asunción responsable de una extraordinaria heredad de pensamiento y de acción, lucidez de visión y valor de emprender con responsabilidad y guiados por el Espíritu Santo, caminos nuevos y conformes al kairós de Dios en nuestro hoy.

Conclusión
Misericordia, sinodalidad, pobreza, encuentro. Son palabras que nos invitan a un examen de conciencia y a un salto de calidad.
«La reforma de la Iglesia – dijo Papa Francisco – es ajena del pelagianismo. Ella no se agota en el enésimo plan para cambiar las estructuras. Significa, en cambio, ponerse y radicarse en Cristo dejándose guiar por el Espíritu. Entonces todo será posible con genio y creatividad».[13]
En la homilía de la Santa Misa celebrada con los Cardinales después de su elección a la catedra de Pedro, el 14 marzo 2013 en la Capilla Sixtina, Papa Francisco, inspirado por la Palabra de Dios proclamada en la liturgia, ha evidenciado tres verbos de «movimiento»: «caminar, edificar, confesar».
Y concluía: «Que todos (…) tengamos el valor de caminar en la presencia del Señor, con la Cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que ha sido derramado en la Cruz; y de confesar la única gloria: Cristo Crucificado. Así la Iglesia irá adelante».

Piero Coda




[1] Papa Benedetto XVI, Discorso ai membri della Curia e della Prelatura Romana per la presentazione degli auguri natalizi, 22 dicembre 2005.
[2] Cfr. Papa Giovanni Paolo II, Lettera apostolica Novo millenio ineunte, 6 gennaio 2001, n. 1.
[3] P. Ferrara, Il mondo di Francesco, cit., p. 90.
[4] Papa Francesco, Dialogo con i Vescovi della Polonia (Krakow, 27 luglio 2016), 02.08.2016.
[5] Cfr. Discorso ai rappresentanti del V Congresso nazionale della Chiesa italiana, cit.
[6] Papa Pablo VI, allocuzione…
[7] Papa Francesco, Discorso in occasione del 50°…
[8] Papa Francesco, Lettera al Cardinal Marc Ouellet, 19 marzo 2016.
[9] Papa Juan Pablo II, Lettera Enciclica Sollicitudo rei socialis, 30 dicembre 1987, n. 42.
[10] Papa Benedicto XVI, Discorso alla Sessione inaugurale della V Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Aparecida 13 maggio 2007.
[11] Washington D.C. 23 settembre 2015.
[12] Cfr E. Morin, La tete bien faite.. La testa bene fatta. Riforma dell’insegnamento e riforma del pensiero, 2000.
[13] Papa Francesco, Discorso in occasione del 50° anniversario dell’istituzione del Sinodo dei Vescovi, cit.

PALABRA DE VIDA Julio 2017

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Palabra de Vida Julio 2017

«Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso» (Mt 11, 28).

Fatigados y sobrecargados: palabras que nos sugieren la imagen de personas –hombres y mujeres, jóvenes, niños y ancianos– que de distintos modos llevan pesos a lo largo del camino de la vida y esperan que llegue el día en que se puedan liberar de ellos.
En este pasaje del Evangelio de Mateo, Jesús les dirige una invitación: «Vengan a mí…».
Jesús tenía a su alrededor a la muchedumbre que había venido a verlo y a escucharlo; muchos de ellos eran personas sencillas, pobres, con poca formación, incapaces de conocer y respetar todos los complejos preceptos religiosos de su tiempo. Además pesaban sobre ellos los impuestos y la administración romana, una carga muchas veces imposible de sobrellevar. Se encontraban en apuros y buscaban a alguien que les ofreciera una vida mejor.
Con su enseñanza, Jesús mostraba una atención especial por ellos y por todos los que estaban excluidos de la sociedad porque se les consideraba pecadores. Él deseaba que todos pudieran comprender y acoger la ley más importante, la que abre la puerta de la casa del Padre: la ley del amor. Pues Dios revela sus maravillas a quienes tienen un corazón abierto y sencillo.
Pero Jesús nos invita hoy, también a nosotros, a acercarnos a Él. Él se manifestó como el rostro visible de Dios, que es amor, un Dios que nos ama inmensamente tal como somos, con nuestras capacidades y nuestras limitaciones, nuestras aspiraciones y nuestros fracasos. Y nos invita a fiarnos de su ley, que no es un peso que nos aplasta, sino un yugo ligero capaz de llenarles el corazón de alegría a cuantos la viven. Esa ley requiere que nos comprometamos a no replegarnos sobre nosotros mismos, sino a hacer de nuestra vida, día a día, un don cada vez más pleno a los demás.

«Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso».

Jesús también hace una promesa: «…les daré descanso».
¿De qué modo? Ante todo, con su presencia, que se hace más diáfana y profunda en nosotros si lo elegimos como punto firme de nuestra existencia; y luego, con una luz especial que ilumina nuestros pasos de cada día y nos hace descubrir el sentido de la vida incluso cuando las circunstancias externas son difíciles. Si además comenzamos a amar como Jesús mismo hizo, encontraremos en el amor la fuerza para seguir adelante y la plenitud de la libertad, porque de esta manera la vida de Dios se abre paso en nosotros.
Escribe Chiara Lubich: «Un cristiano que no esté siempre en la tensión de amar no merece el nombre de cristiano. Porque todos los mandamientos de Jesús se resumen en uno solo: amar a Dios y al prójimo, en quien vemos y amamos a Jesús. El amor no es un mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta, en servir a los hermanos, en especial a los que tenemos al lado, y empezar por las pequeñas cosas, por los servicios más humildes.
Dice Carlos de Foucauld: “Cuando amamos a alguien, estamos realmente en él, estamos en él con el amor, vivimos en él con el amor; ya no vivimos en nosotros mismos, estamos desapegados de nosotros mismos, fuera de nosotros mismos” 1.
Y precisamente gracias a este amor se abre paso en nosotros su luz, la luz de Jesús, según su promesa: “Al que me ame… me manifestaré a él” (Jn 14, 21). El amor es fuente de luz: amando se comprende más a Dios, que es Amor» 2.
Acojamos la invitación de Jesús a acudir a Él y reconozcámoslo como fuente de nuestra esperanza y de nuestra paz.
Acojamos su mandamiento y esforcémonos por amar como hizo Él, en las mil ocasiones que nos suceden cada día en la familia, en la parroquia, en el trabajo: respondamos a la ofensa con el perdón, construyamos puentes en lugar de muros y pongámonos al servicio de quienes sienten el peso de las dificultades.
Descubriremos que esta ley no es un peso, sino un ala que nos llevará a volar alto.

LETIZIA MAGRI

1 C. DE FOUCAULD, Scritti spirituali VII, Città Nuova, Roma 1975, p. 110.

2 Cf. C. LUBICH, «Palabra de vida», mayo 1999: Ciudad Nueva 354 (1999/5), p. 26.

PALABRA DE VIDA Julio 2017

Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
Fecha :

ACTUAR DIFERENTE

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ACTUAR DIFERENTE

Es cierto que en algunas ocasiones actuamos de una manera distinta a como hacen los demás y seguramente habrán reacciones muy diferentes; desde la risa, el enojo, la indiferencia, la burla, la aceptación, la crítica, la envidia… ¡Todas las reacciones posibles! Y eso es más que natural, cada uno reaccionará de acuerdo a muchos factores: personalidad, estado de ánimo, aceptación personal hacia uno, simpatía o antipatía… etc… pero eso, el cómo reaccionan los demás, no se encuentra a nuestro alcance.
Es muy posible que de momento quedemos sorprendidos, pues muchas de las veces no sabremos el porqué de las reacciones y por ello vengan a nuestros corazones diferentes sentimientos, pensamientos o deseos de actuar de otra manera.
¿Qué es lo que se encuentra a nuestro alcance? Creo que es muy sano detenernos y tratar de analizar la situación, pues actuar apresuradamente nos pueden llevar a decisiones equivocadas, a guardar resentimientos, a dañarnos interiormente y podrían producirse heridas sin sentido.
Hay que tener en cuenta que es natural que a una acción exista una reacción y eso no lo podemos evitar ¡Así que no nos debe sorprender si alguien grita si le pisamos un callo!
Resulta iluminador tratar de ponernos en el zapato del otro ¿Qué habrá sentido o pensado ante lo que sucedió? Tengamos en cuenta que tiene una personalidad, toda una historia y una trayectoria que ha construido su ser. Es posible que lo que hicimos le hicieran venir recuerdos, dolores, alegrías o tristezas… ¡Que se yo! Si lo que sucedió ¿me hubiese pasado a mí en la personalidad del otro? ¿Cómo reaccionaría? Si mi conocimiento y sensibilidad llegan a sintonizar con la personalidad del otro entendería que seguramente hubiese reaccionado igual, no se trata de estar siempre de acuerdo en las reacciones ajenas, no se trata de justificarlas y menos de aprobar todo… sencillamente se intenta entender el mundo de los demás…
Es más que importante entender que las reacciones de los demás pueden ayudarnos, se trata de verlas como un espejo de aquello que acontece. Tengamos en cuenta que existen espejos muy precisos, espejos que están sucios o muy sucios; espejos que agrandan o disminuyen; espejos que deforman… debemos analizar de dónde vienen las imágenes que reflejan pues ¡ningún espejo es perfecto! Y seguramente serán más cercanos a la realidad aquellas imágenes que vienen de personas más equilibradas y de aquellas que nos conocen mejor. Seguramente una persona lastimada, con traumas, prejuicios, antipatías, envidias… reflejará una imagen distorsionada y en ocasiones hasta monstruosa de lo acontecido ¡Nada que ver con la realidad!
No nos detengamos, modifiquemos o cambiemos lo que hacemos, pensamos o somos sin antes haber analizado las cosas… ¿tiene sentido modificar algo que es sano, agradable y correcto? ¡Nadie es monedita de oro para caerle bien a todos!
Y si somos creyentes tenemos dos puntos más a nuestro favor 1.- ¡Dios nos ama inmensamente! Y no debemos hacernos menos por opiniones de los demás. 2.- La oración nos ayuda a analizarnos y preguntarnos ante Dios si nuestro actuar ha sido con buena voluntad, si puede corregirse o cambiarse ¡Dios nos ilumina en la oración!
Dios quiere que seamos libres y cuando actuamos para quedar bien con alguien le estamos dando las cadenas para ser sus esclavos. ¿No te parece?
Ayudemos a nuestros niños y jóvenes a liberarse del “qué dirán” y se guíen por “lo que Dios manda” “lo que Dios quiere” y si le hacemos caso a Dios seremos libres ya que los mandamientos divinos marcan un camino sano y que construye corazones fuertes, con principios estables y claros  horizontes… ¿No es cierto?
¡Que el Señor te bendiga abundantemente!




ACTUAR DIFERENTE

Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
Fecha :

ENLACES DE LOS PROGRAMAS 13 Y 14

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ENLACES DE LOS PROGRAMAS números 13 y 14

Correspondientes a los viernes  16 y 23 de junio de 2017


LECTURAS DE LA BIBLIA

TEMA DEL PROGRAMA  13 –LA MODERNIDAD EN LA IGLESIA-
Comentarios a las diferentes noticias relacionadas a la Iglesia

TEMA DEL PROGRAMA  14 –COMUNIDAD DE MISIONERAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS “AD GENTES” Y DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS-


LA PELÍCULA QUE RECOMENDAMOS San José de Cupertino

San José de Cupertino, nacido en Italia en el siglo XVII, es "El hombre que no quería ser santo". Esta es una película sensacional y emocionante, porque cuenta la vida de un hombre singular. 

Sus familiares, sus vecinos, hasta sus hermanos de los conventos en los que intentó vivir religiosamente, lo trataron como a un "inútil" en el pleno sentido de la palabra, porque lo rompía todo, porque se quedaba extasiado con la boca abierta, porque parecía lelo y atontado, porque no lograba aprender de los libros nada más que una sola frase. 

Le asignaban los peores oficios y lo maltraban continuamente; pero estando sufriendo esta vida, empezó a levitar sin pretenderlo: se ponía a orar de rodillas y sin darse cuenta se elevaba varios metros del suelo en pleno éxtasis. 

Incluso fue acusado de estar endemoniado por quienes no podían comprender como un hombre tan "torpe" podía ser espiritual o tener sintonía con Dios. Pero esta es la gran lección de la vida de San José de Cupertino: lo que el mundo desprecia, DIOS lo eleva, lo elige y lo hace destacar como particularmente suyo. 

Una película inaudita, fuera de lo común, prácticamente desconocida, que no te dejará indiferente; es más, que puede incluso influenciar religiosa y transformadoramente en la vida de quien la observe con atención. Si aún no la has visto, ¡quedas advertido!
Título original The Reluctant Saint; Año 1962; Duración 105 min. ; País: Estados Unidos;  Director: Edward Dmytryk; Guión: John Fante, Joseph Petracca; Reparto: Maximilian Schell,  Ricardo Montalbán,  Lea Padovani,  Akim Tamiroff, Harold Goldblatt,  Arnoldo Foa; Productora: Davis/Royal Films International, Dmytryk-Weiler Productions; Género: Drama. Comedia | Biográfico. Religión. Siglo XVII

LA PÁGINA WEB QUE RECOMENDAMOS: Lío por México
Página juvenil donde encontrarás, libros, comentarios, preguntas y capacitación.

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¡PARA MAYOR GLORIA DE DIOS!


ENLACES DE LOS PROGRAMAS 13 Y 14

Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
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LA MADUREZ NO ES DUREZA

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 LA MADUREZ NO ES DUREZA

Conozco gente que no acepta sus errores, personas que no desean jamás cambiar de opinión, sujetos que agreden a quienes no piensan como ellos, rostros duros sin una sonrisa por años, corazones petrificados sin posibilidad de mostrar una grieta. Cuando hacen oír su voz se debe a que siempre encuentran “la mosca en la sopa” o en casos extremos son capaces de poner la mosca a la sopa ¡porque nunca debe faltar! Muchos de ellos justifican su actitud diciendo, sintiendo o creyendo en su corazón  “es que son gente madura”.
¿La madurez es dureza? Sinceramente creo en la posibilidad enriquecedora de modificar nuestra opinión si encontramos las razones que nos hacen descubrir otros puntos de vista. Estoy convencido que si una persona tiene la seguridad en lo que cree no necesita agredir a nadie para mostrar su convencimiento. La sonrisa no es sinónimo de ingenuidad o ignorancia. El corazón amable es muestra de estabilidad interior y aceptar las variables de la vida “sin querer encontrar moscas en la sopa” y mucho menos reprocharlas hace la convivencia más llevadera.
Creo que la auténtica madurez se encuentra en la estabilidad en lo que pensamos, decimos y hacemos. Una estabilidad que continuamente se está confrontando con la realidad sin el temor que todo se derrumbará, un discernir el acontecer de cada día sabiendo que es más que sano evolucionar. La madurez que viene a resultar de la lucha por estar orientados por nuestros ideales, de tener en claro en nuestro corazón: ¿Qué tipo de persona quiero ser? ¿Qué tipo de persona estoy construyendo en el instante presente?
Siento que la auténtica madurez personal es capaz de ser autocrítica, de no ponerse como medida de todo como si me dijese y estuviese convencido que “Es bueno solamente porque digo que es bueno” o “es malo porque digo que es malo”.
En la práctica me he dado cuenta que “una excesiva dureza” viene a ser generalmente un síntoma de inseguridad interior donde “hay que ponerse una máscara de exagerada firmeza” para tratar de convencerme que no soy débil. Es como si alguien se pusiera a gritar creyendo que de ese modo “todos” creerán que solamente por su ruido tiene la razón.
Quien es maduro va descubriendo en qué momento debe ser firme, flexible o tiene que ceder.
La persona madura va encontrando el equilibrio entre una acción serena y los momentos de distracción y ¡de risa!
La persona madura aplica la claridad y firmeza en sus ideales sin medias tintas y aceptando lo demás que es relativo y por ello puede ceder.
La gente madura tiene muy en claro sus metas aunque será flexible en sus etapas y métodos.
La persona madura sabe que no tiene porqué gritar si bien en casos extremos deberá defender aquello que cree.
Que valioso resulta continuamente hacer un sincero examen de conciencia para reconocer como vamos y retomar el camino en todo momento.
Qué grande es la misión de nosotros los mayores de edad en educar a nuestros niños y jóvenes en los grandes ideales.
Para quienes tenemos fe el camino resulta más claro, tenemos a Jesucristo “camino, verdad y vida” Verdadero Dios y verdadero hombre hijo de un carpintero; María santísima, ama de casa; san José un humilde trabajador, personas sencillas sin alardes de poder o dureza.
Estoy convencido que una persona madura también la podremos encontrar ¡En los columpios! Ja, ja, ja…
¡Que el Señor te bendiga abundantemente!

LA MADUREZ NO ES DUREZA

Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
Fecha :

30 AÑOS DE SACERDOCIO ¿QUÉ SIGNIFICAN?

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30 AÑOS DE SACERDOCIO

¿Qué significan?
Este 21 de junio 2017 se cumplen 30 años que fuese consagrado presbítero… pensando un poco pueden hacerse algunos números aproximados:
En decenas de lugares he vivido y compartido la vida con miles de personas y en estos lugares siempre he sido un sacerdote para mis semejantes. Ciertamente son más de 100 mil las veces que, de mis manos, he dado la Santa Comunión a los católicos de muchas partes, miles los Bautizos, Confirmaciones (cuando fui autorizado), Eucaristías, Confesiones, bendiciones de casas, autos, negocios, personas… ¿Cuántos centenares de gente habré escuchado y tratado de orientar? Ciertamente no lo sé, Dios lo sabe y eso es suficiente. Ciertamente para Dios y para mi cada prójimo es mi hermano.
He compartido miles de momentos de todo tipo con mis feligreses, desde los más felices como son los nacimientos, bautizos, acciones de gracias, primeras comuniones y confirmaciones, bodas y festejos… hasta los más dolorosos como problemas personales y familiares, la enfermedad, accidentes, fallecimientos… tampoco podría contar o recordar todos ellos.
Tengo cada vez más presente que el tiempo pasa velozmente, que es una realidad que fluye sin detenerse, que no perdona a nadie. Aquellos niños que cargué en su nacimiento y los bauticé ahora algunos son papás y también ahora he bautizado a sus hijos… el tiempo ha pasado prácticamente sin sentirlo.
Existen decenas de parientes, entre ellos mis papás y mi hermano mayor; sacerdotes, amigos y conocidos de todas las edades que ahora se nos han adelantado, se presentaron ante nuestro Creador y rezo por ellos.
Estoy cada vez más convencido de la fragilidad de mi existencia pues acontecimientos de riesgo, accidentes, enfermedades se han presentado y cuantas veces me pregunto: Dios mío ¿Por qué me quieres aún en esta tierra? tanto así que ahora bromeo diciendo que “mi maquinaria” es decir mi cuerpo, no funciona como quisiera pero con la claridad de confirmar que Dios sabrá el porqué de las cosas pues siempre, siempre, siempre ¡estoy en sus manos!
Mi corazón y mi mente comprueban claramente mis limitaciones, fallas y caídas que hacen que mire los acontecimientos bajo otro ángulo, totalmente diferente de lo que veía o pensaba hace tres décadas.
Y en todo esto siempre se encuentra como principal protagonista… ¡Dios!
Él, mi Dios me hizo nacer en una familia católica en la que fui bautizado y educado con un modo cristiano de ver el mundo.
Me concedió tantas personas, ambientes y circunstancias en mi crecimiento.
Me hizo experimentar su llamado cuando tendría poco más de 11 años y esa vocación aún la tengo tan viva como cuando la experimenté hace más de 40 años.
Me acompañó, orientó y fortaleció en mi etapa de formación sacerdotal por medio de mis Sacerdotes formadores, profesores, amigos, religiosos, religiosas. De manera especial se hizo Vivo con mayor intensidad al llamarme a la Espiritualidad de la Unidad del movimiento de los focolares a mis 17 años de vida. Fueron 11 años de formación de Seminario antes de la ordenación presbiteral.
Por todo esto y por muchas cosas sintetizo que estoy convencido que el principal protagonista es Él, es Dios. Solamente en Él y por Él mi vida puede tener sentido, un sentido orientado para “hacer-Lo” presente y vivo en los corazones de cada persona, de toda persona.
Vienen a mi mente entre otros muchos recuerdos lo que nos decía mi Obispo Luis Munive cuando era alumno, nos visitaba en el seminario, compartía su experiencia que su mamá le había dicho cuando lo consagraron sacerdote que había sido constituido para “cantar las misericordias del Señor”.

¿Qué futuro tendré? No lo sé, pero no me preocupa, lo aceptaré con sencillez, pues estoy en las manos de Dios y mientras el Señor me lo permita continuaré –ante mis hermanos- “cantando las misericordias del Señor” hacer presente su Amor por todos… Por ello no me canso de repetir lo que también dice la Biblia “Dios ha sido bueno con nosotros y estamos alegres”. Me encomiendo a tus oraciones y ¡Que el Señor te bendiga abundantemente!

30 AÑOS DE SACERDOCIO ¿QUÉ SIGNIFICAN?

Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
Fecha :

ESPERAR O CONSTRUIR

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Es cierto que todos en pocos o muchos momentos de nuestra vida deseamos lo bueno, tener, hacer, lograr solamente que nos ponemos a esperar o solamente a pedir y eso también es bueno.
Solamente que en ocasiones ni siquiera nos animamos a pedir y tal parece que pretendemos que los demás “casi adivinen” aquello que pensamos, deseamos o necesitamos.
Si nada más nos quedamos esperando que las cosas lleguen, que adivinen lo que queremos o solamente pedimos “un milagro” será casi seguro que: ¡las cosas NO lleguen o que NO nos adivinen!
Es más que cierto que muchas cosas no dependen de nosotros o que sencillamente no están a nuestro alcance pero si no nos ponemos a caminar seguramente jamás llegaremos a nuestro destino.
Darnos cuenta que si estamos atentos a renovar nuestros ideales, a preguntarnos ¿Qué tipo de persona deseo ser? ¿Qué tipo de familia deseo construir? ¿Qué tipo de amistades alimento? ¿Hacia dónde me estoy dirigiendo? ¿Qué sentido tiene lo que hago?
Si recordamos y hacemos presente momento tras momento esos ideales que alimentan nuestro corazón es más posible que nos pongamos en movimiento y que paso tras paso logremos llegar a la meta que pensamos.
Ciertamente si tenemos fe, si somos creyentes el camino resulta más claro, la carga más llevadera, ante las caídas es más accesible volvernos a levantar, las heridas podrán sanar de una manera más natural y es que la esperanza se hace más patente pues tenemos la certeza ¡Qué estamos en las manos de Dios!
¡Esta es la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos! Ellos deben y vuelvo a repetirlo ¡ellos deben! Aprender a construir, deben hacer crecer un corazón firme y fuerte, tener claro el horizonte que tienen, tener el proyecto del estilo de persona por el cual quieren luchar cada día… si no los enseñamos a caminar ¿Cuándo podrán correr? Si no los dejamos que se caigan, raspen y se vuelvan a levantar solos ¿Cuándo tendrán la capacidad de afrontar los problemas que la vida no perdona a nadie?
En este sentido tiene mucha razón -Nick Vujicic con su vida y reflexión que nos ofrece en su vídeoclip en comparto en mi fan page de Facebook- debemos tener en claro que ¡podemos pedir y querer recibir un milagro! Solamente que es más que necesario tener la certeza que no está a nuestro alcance “obligar a que se nos dé ese milagro que necesitamos” Lo que sí está a nuestro alcance es buscar el sentido de nuestra misión en la historia de la vida y que por cierto está muy cerca de nosotros, en nosotros ¡pues somos nosotros! Dios quiere que cada uno sea “un milagro suyo” que sea “constructor, transformador de su entorno” para la familia, amigos, conocidos, sociedad… Dios quiere que nos convirtamos “en un milagro” y no es que pretendamos ser “perfectos o intachables” pero sí personas que tenemos fe, que tenemos esperanza, que no nos quedamos cruzados de brazos en el acontecer de nuestra historia.
Tengamos presente que la auténtica y valiosa historia se construye momento a momento, paso a paso pero eso sí con una dirección clara…


¡Que el Señor te bendiga abundantemente!

ESPERAR O CONSTRUIR

Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
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BUENAS INTENCIONES, BUENOS PROYECTOS

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“Las grandes Ideas solo son fecundas cuando están junto a un espíritu capaz de realizarlas”

G. Papini

Cuanto tenemos un buen proyecto ¡hay que emprender el camino!
No nos desanimemos, si otros ya lograron llegar a la meta ¡podemos aprender de ellos! En la mayoría de los casos lo podremos lograr –pues existen situaciones concretas que pueden impedir algunos proyectos- por ejemplo no podrá competir en un maratón (41 kilómetros) un niño de 8 años…
Tengamos en cuenta que…
Primero: debemos tener en claro cuál podría ser la meta.
Queremos un coro que cante “Canto gregoriano”
Segundo: debemos investigar que tan largo es el camino.
Se necesitarán muchos meses para lograr nuestro proyecto.
Tercero: debemos adquirir los recursos humanos y materiales necesarios.
Resulta esencial tener un buen profesor de coro –con conocimientos teóricos y técnicos del canto gregoriano, además de una buena pedagogía. Los miembros del nuevo coro deberán tener un compromiso significativo.
Cuarto: si el proyecto es a largo plazo se necesitarán clarificar las etapas necesarias para que podamos avanzar.
De acuerdo al conocimiento del profesor de las melodías más sencillas hasta las más complejas.
Quinto: resulta esencial hacer evaluaciones de nuestro avance para constatar la consistencia de lo logrado.
Sexto: en base a las evaluaciones y a la experiencia que vamos tomando podemos reajustar el proyecto para que cada vez sea más realista.
Es posible que nuestro coro necesite más tiempo de preparación para presentarse en público…

Recordemos que paso a paso se llega lejos… muchos de nuestros proyectos no se consolidan pues no construimos ladrillo, tras ladrillo “todo lo bueno cuesta”.

Si no “hagamos presente en nuestra memoria” a nuestro coro de “canto gregoriano que acabamos de escuchar” y sin ofender a nadie veremos la cara del padrecito “y sus ojitos especiales” ja, ja, ja…
¡Que el Señor te conceda un día maravilloso!

BUENAS INTENCIONES, BUENOS PROYECTOS

Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
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ENLACES DE LOS PROGRAMAS 11 Y 12 -2 y 9 de junio 2017-

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ENLACES DE LOS PROGRAMAS 11 Y 12 -2 y 9 de junio 2017-


LECTURAS DE LA BIBLIA


TEMA DEL PROGRAMA –LA AMISTAD-


LA PELÍCULA QUE RECOMENDAMOS Santa Rita de Casia

Año de producción: 2004
País: Italia
Duración: 208 min.
Distribuída por: Divisa Home Video
Director: Giorgio Capitani
Actores: Martin Crewes, Vittoria Belvedere, Simone Ascani, Enzo Marino Bellanich, Massimiliano Benvenuto, Giorgia Bongianni, Manolo Capissi Stanislao Capissi
Producida por: Luca Bernabei, Federico Demontis, Anselmo Parrinello, Anna Stoppoloni
Escrita por: Elisabetta Lodoli, Maura Nuccetelli
Fotografía: Fabrizio Lucci

Sinopsis: Margarita, la hija de un matrimonio ya maduro de la Perugia italiana, conoce a Palo Manzini, con quien contrae matrimonio siendo todavía muy joven. Paolo es un violento pendenciero por quien Margarita siente un amor tan profundo que es capaz de cambiar el carácter de su marido y que se olvide de peleas y rencillas a los habitantes de la región. Sus dos hijos gemelos son recibidos como una bendición de Dios a un matrimonio que empieza a vivir feliz. Pero los enemigos de Paolo no olvidan y un día lo asesinan a las afueras del pueblo.

Rita, consciente de que sus propios hijos vengarán la muerte de Polo, tarde o temprano…

LA PÁGINA WEB QUE RECOMENDAMOS:

Página donde encontrarás chistes, vídeos, fotos graciosas y cosas curiosas para los católicos.

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Autor : Netzahualcoyotl. H. Xochitiotzin Ortega
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